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*¡¡¡BIENVENIDOS!!!*

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Hola a todos, sean bienvenidos a este nuevo blog que he decidido crear, con la esperanza de que mis escritos sean divulgados y conocidos mundialmente.


Tarah Zen G.

sábado, 18 de junio de 2016

Hybrid.

CAPITULO UNO.
EL SUEÑO Y LA MENTIRA.
Era suave pero ardía. Sus pies se hundían en la suave arena de algo que parecía ser una playa de aguas contaminadas, se perdían los recursos naturales en este mundo, Acram estaba muriendo poco a poco y a nadie parecía importarle, o era que nadie lo notaba, muere poco a poco, sin síntomas, como el cáncer y cuando lo notas es porque ya es demasiado tarde. Sentía leves punzadas de dolor en la planta delicada de sus pies y sus huellas parecían de sangre, rojas por el carmesí derramado de ellas, la niña miro sus pies descalzos, cuya piel parecía en carne viva y tenia miles de pequeños fragmentos de vidrio enterrado en la piel. No estaba caminando por arena, era vidrio fragmentado.
¡La señorita Belle la regañaría por alejarse del grupo y caminar descalza por ese paraíso infernal!
Cogió sus sandalias y las coloco en sus adoloridos pies, tenia que regresar con los demás niños, pero antes de dar la vuelta un cuerpo extraño en la arena de vidrio resalto y le llamo la atención. La tarde ya se encontraba muy aproximada, por lo que no había suficiente luz como para que la niña, aun con su desarrollada vista, pudiera diferenciar aquello desde tan lejana distancia. Andy era curiosa por naturaleza, una cualidad que podía costarle la vida en un mundo como ese. Era muy peligroso estar en un sitio tan desolado y a altas horas de la tarde, con todos los cazadores que se encontraban rondando entre sombras. En esa playa no había ni rocas ni alguna deformación de tierra levantada, por lo que ese bulto le llamaba la atención a la niña de cabellos azules, empezó a caminar lentamente hacia eso, tan despacio que no parecía que se estaba moviendo.
“la curiosidad mato al gato, Andy” se dijo “pero murió sabiendo”
Sus pasos oscilantes tomaron seguridad y antes de que pudiera notarlo se encontraba en trote rumbo a ese bulto que no se movía, pero con cada paso que daba, tomaba la forma de un... un humano.
Andy se detuvo de repente, ella le tenia miedo a los humanos, aunque quisiera jugar a la valiente no podía olvidar lo que habían hecho esos seres. Sin embargo la persona en la playa podía estar muerta o inconsciente, pero ella era tan terca que se aseguro que no seria peligroso. Mientras más se acercaba, noto que era un chico, un hombre de no más de veinte años aparentes y era… un híbrido, uno de los suyos. Confiaba en todos aquellos que fuera híbridos como ella, quizá solo porque se encontraban en la misma situación y deberían apoyarse para salir de ese problema.
La arena cristalina de vidrio se veía rojiza por la sangre del chico, pero Andy no estaba completamente segura de que estaba muerto o vivo, por lo que instintivamente se arrodillo en la arena a pesar de que los pequeños fragmentos penetraron en su piel y cortaron. El chico se encontraba desnudo, pero a la niña no pudo importarle menos, él estaba herido y ella quería ayudarle. Le quito el pelo largo y negro de la cara para ver sus rasgos, su piel aceitunada parecía hacer contraste con su cabello. Andy no sabía si respiraba y entonces... sus ojos rojos se abrieron mirándola fijamente, sorprendiéndola y haciendo que cayera de espaldas al suelo. No abandono ni un minuto esa intensa mirada, porque ya no podía, ahora era esclava de sus ojos.
El corazón le latió tan rápido que pensó que se le saldría del pecho, llevo su mano a su busto para calmarse los latidos y un chillido de angustia abandono sus labios. Los ojos del chico tenían tal fuerza que pensó que había mirado su alma y que podía sacársela tan solo con pronunciar una palabra.
Y eso fue lo que ocurrió.
– Beta... – pronuncio con una voz profunda, que parecía sacada del infierno por el calor que desprendía.
– ¿Que? – Susurro Andy, a pesar de todo, la voz del chico también sonaba cansada y ronca, por lo que solo fue un susurro casi inaudible esa pequeña palabra que abandono su garganta – ¿que es Beta? ¿Quién… eres tú? – pregunto la niña con algo de temor en su voz, pero mas curiosidad que nada. Más el muchacho no respondió, cerró los ojos fuertemente de nuevo y su cara se contrajo con dolor. Andy se apresuro a él y toco su frente, se sentía caliente, más de lo normal. Si tuviera una manta lo abrigaría, pero no la tenia, lo único que podría hacer seria ir a buscar ayuda. Andy se pregunto internamente que le había pasado, por qué estaba ahí, pero pensaba que el único que podría darle respuesta era ese chico. No lo conocía, pero no quería que muriera; así que bajo lentamente su falda, estaba haciendo frío y el fino vello de sus piernas se erizo hasta llegar a doler. Rasgo la tela para improvisar una manta y con ella tapo lo que pudo de su cuerpo desnudo.
Priscila... ojala y Priscila estuviera allí. Ella podría curarlo con sus poderes de sanación y todo estaría bien.
– Voy a buscar ayuda, chico – le dijo y sus pies se movieron para correr... pero antes de alejarse lo suficiente volteo para mirarlo y le dijo: – volveré por ti… lo prometo.
Sus ojos eran rojos como la sangre, iguales a los de aquel chico que vio en la playa, se abrieron para despertar de nuevo y recordar como un sueño aquel extraño suceso de hace casi un año. Se preguntaba usualmente si solo era un sueño o si en verdad lo había visto. Era un híbrido, uno igual a ella.
– ¡señorita Belle! – se escuchaban los gritos de la suave voz infantil – ¡señorita Belle! – mas fuerte entre aquellos que gritaban el mismo nombre de la niña de cabellos cielo. La mujer volteo, buscando su nombre entre el viento de la brisa de aquel paisaje muerto de una playa vieja. Sus pasos apresurados se escuchaban entre la arena, como si el vidrio fragmentado se partiera en partículas más pequeñas y produjera un sonido bajo las suelas de las sandalias de la niña; se acercaba, cada vez más y más rápido, hasta que la figura de la pequeña era visible a los ojos de la mujer híbrido.
La niña se desperezo, tapando sus orbes con sus manos y presionando hasta el punto de llegar a doler y verlo todo rojo… ¿era un sueño o era real? Se preguntaba al pasar de cada pequeño minuto en que se encontraba acostada en esa cama poco confortable del orfanato.
– ¡Andy! ¿Dónde has estado? Llevamos horas buscándote – le dijo en cuanto la niña de cabello azul cielo llego a su lado. Noto inmediatamente el estado físico en que se encontraba, semidesnuda de la cintura para abajo y sus pies ensangrentados, mas los gritos desesperados que daba la niña, le dio a imaginarle que le pudo haber pasado lo peor, por lo cual se arrodillo y la abrazo como si la vida se le fuera en ello  – Tenemos que irnos, ya es tan de no…
– Necesito su ayuda, señorita Belle – la interrumpió y se separo del abrazo – hay un chico como nosotros, híbrido… esta herido en la playa.
¿Era un sueño o era real?
La expresión de la señorita Belle se profundizo, mostrando nada más que una cara de consternación, pues lo que acaba de decirle la pequeña Andy era de vital relevancia, si había algún Homtia híbrido herido, eso no podía indicar otra cosa que los cazadores se encontraban cerca, y si ellos estaban cerca también se encontraban en peligro.
– Tenemos que irnos – mascullo enfatizando cada una de las palabras. Tomo a la híbrido de la mano y les indico a los demás niños que caminaran.
– ¡NO! – fue la queja negativa y rotunda de Andy, ella no se iría sin ayudarlo, se lo prometió y ella siempre cumplía sus promesas… siempre. Dijo: – necesita nuestra ayuda y si nosotros no lo ayudamos, entonces ¿Quién lo ayudara?  No hicieron eso con mi madre… nadie la ayudo.
Andy se levanto de la cama, aun no se sentía con las fuerzas necesarias para discernir la realidad de la fantasía, de aquello que había sido un sueño y de aquello que era un recuerdo. Miro por la ventana de aquel país futurista, solo un año después de aquel día y parecía que la civilización había evolucionado cien años. Pudo notar que era ya muy tarde y que las demás camas de la gran habitación se encontraban vacías; había reglas en el orfanato, todos despertaban a la misma, se duchaban por turnos a la misma hora de la mañana cada día, iban al comedor y todos comían lo mismo a la misma hora todos los días, a veces la regla se rompían para Andy, ella era una excepción… podía dormir todo lo que quisiera, era en donde se rompía la rutina. Miro hacia abajo, en donde demás niños híbridos como ella jugaban entre ellos, pero no podía importarle menos, cerro los ojos tratando de reproducir en su mente aquella mezcla de sueño y realidad de ese recuerdo…
La señorita Belle guardo un silencio sepulcral, miro a los niños que la acompañaban, el señor Alegian no estaba de acuerdo a sacarlos de paseo en los terribles tiempos que estaban pasando en Acram, pero ella había insistió al ver las caritas consternadas de todos aquellos híbridos. Eran solo niños y necesitaban un poco de diversión en sus vidas que solo transcurrían en huir y ocultarse. El señor Alegian le había dado permiso para sacar a unos pocos de orfanato, y si le ocurría algo malo a algunos de los niños, sabía muy bien que el señor Alegian no se lo perdonaría nunca… nunca.
– lo siento… Andy, tenemos que marcharnos – dijo con la cabeza gacha, era muy bondadosa, pero no podía poner a riesgo a sus niños – primero son ustedes, no dejare que nada malo les pase.
La niña la miro profundamente, con la intensidad de su mirada le decía claramente “No puedo creer que no vayas a ayudarme”, tuvo que aparatar sus ojos cuyos iris eran del color de la sangre, igual a los de la niña, era como si fuera una sola huella genética que los hiciera familiares a todos, esa huella que los une como el ADN que cruza por sus venas. La señorita Belle soltó suavemente el brazo de Andy, porque pensaba estarle haciendo daño, toco su propio brazo en un gesto nervioso, no sabia que decir, pero era claro que ya había dicho todo lo que tenia en mente, los demás niños estaban tan callados como la muerte, simplemente siendo espectadores vacíos que no podían dar su opinión.
– vamos… – su suave y aterciopelada voz rompió el silencio, la señorita Belle la miro con ojos compresivos, la tomo suavemente por el brazo que segundos antes había estado magullando – vayamos a casa – pero Andy no quería esa compresión incapacitada, que no hacia nada mas que solo ser compresión vacía, se soltó bruscamente y hecho a correr con fuertes piernas – ¡Andy! – grita la híbrido y fue tras ella.
Los niños corrieron tras de ellas por temor a quedarse solo y que los mayores miedos de Miss Belle se hicieran realidad: que estuvieran los cazadores asechando para encontrar la menor oportunidad de arremeter contra los pequeños niños híbridos de orfanato.
– ¡Andy, vuelve a aquí! – Grito detrás de la pequeña, pero ella no era tan rápida como Andy y no lograba alcanzarla – ¡Charl, atrápala! – le ordeno a un niño mucho mas pequeño que Andy y fornido, pero tenia una ventaja… Charl era igual a Priscila, tenia alas en la espalda.
El pequeño Charl de piel rosa y cabello blanco, características solo viables en Chiroptedas, corrió y alzo vuelo a un metro de distancia de la tierra, estaba prohibido que los Chiroptedas aprendieran a volar, pero era una muy buena manera de defensa, aprender a volar los mantendrían a salvo de los cazadores. La manera en que volaba era pesada, porque apenas y podía hacerlo, Charl tenia ya mas de veinte años, con solo diez aparentes, llevaba mas de cinco años aprendiendo esa difícil técnica, pero no podía alzar vuelvo mas de un metro de alto y su corpulencia física tampoco era muy buena ayuda. Aprender a volar para un híbrido era una tarea sumamente tediosa y complicada, aun no se conocía a ninguno que hubiera dominado la técnica. Sin embargo seguía teniendo la ventana de volar, llego a su lado en un santiamén. Andy apenas podía ver, la luz se había disminuido solo un poco, pero sabia que estaba muy cerca de llegar al lugar en donde había dejado a aquel chico, el campo traviesa en el se había metido no la dejaba localizar fácilmente el lugar exacto. Todos los niños estaban detrás de ella en una persecución que se volvió amena y divertida.
– ¡Cuidado! no vayan a lastimarse – les dijo Miss Belle. Ella miro a su alrededor en busca de algún ocupante en esos lugares, pero a simple vista en ese lugar tan oscuro no podía notar ninguna figura, así que pensó que quizá había sido una falsa alarma y que tanto ella como sus niños se encontraban a salvo.
Charl atrapo a Andy, justo cuando ella había creído llegar al lugar, el fornido se monto sobre la escuálida chica y la domino en la arena, fatalmente recordó que había mas vidrio fragmentado en ese suelo que arena suave y cálida. Los pedacitos del vidrio se le enterraron en la piel del cuello, cara, brazos y piernas. Sangre mas roja de lo usual salió de las miles de pequeñas heridas, raspones que volvían a su piel roja en carne viva que ardía como el infierno.
– ¡Charl! – Grito la señorita Belle – le haces daño, baja de ella.
El niño lo hizo, pero Andy no se puso de pie, en sus ojos asomaban lagrimas que no surgieron a flote, porque ella las contuvo, no estaba dispuesta a dejarse ver en ese estado tan deplorable, semidesnuda y toda rasguñada, herida en el orgullo. Cuando la niña se sentó en los fragmentos de vidrio, busco con la mirada por el lugar, localizando la retazada falda que se había quitado para cubrir su cuerpo del frio de la playa. Se levanto y fue corriendo a aquel lugar, todos la miraban con cara de pena y preocupación, pero ella no quería la compasión de nadie, la odiaba como odiaba también la preocupación de los ojos rojos de la señorita Belle.
Se arrodillo al lado de su falda que estaba a punto de ser llevaba por una ola del mar contaminado, mancho de más sangre la tela, que a ese paso acabaría volviéndose roja, el chico no estaba, no había ni sangre en la arena, la antigua sangre que ella había visto no se encontraba por ningún lado, entonces pensó que quizá había sido tragado por las profundidades del mar, pero ¿si eso ocurrió, por que no se fue también su falda?
Las olas del mar llegaron a su lado, quemaron como ácido cuando tocaron sus rodillas lastimadas, pero se llevaron consigo restos del carmín que brotaba de ellas. Miss Belle seguía mirando alrededor, con un atisbo de preocupación imborrable, fue cuando vio aquella sombra entre las sombras, alejarse de allí y en medio de un parpadeo no fue más que una ilusión óptica.
– ¿Donde esta el niño que dijiste? – pregunto inocentemente uno de los niños híbridos, llevo su dedo a boca para succionarlo mientras se sujetaba a las faldas de Miss Belle, pero Andy no sabia como responder a esa pregunta.
– No hay ningún niño, Tadow – le respondió otro. El pequeño lo miro y dejo de chuparse el dedo.
– Era mentira – dijo Charl – eres una mentirosa.
Todos los demás niños empezaron a murmurar.
– Regresemos, Andy – dijo la Señorita Belle. Andy se puso de pie y camino junto a ella.

Desde ese día, Andy tiene terminantemente prohibido salir fuera de las instalaciones del orfanato, fue reprendida por el señor Alegian por formar tal barullo. Desde ese día Andy ha estado todo ese tiempo entre las paredes del orfanato, que parecen consumirla, se quedo con ella el olor de la sangre y el recuerdo que no quiere abandonar su cabeza. Desde ese día, cada niño se acostumbro a llamarla Andy la curiosa… Andy la mentirosa y ya nadie le creía.
Continuara...
Tarah Zeng.

Hoprer y Olvher.

Capitulo 1.
El misterio de los niños Hoprer y Olvher.
Sus risas se escuchaban por todo el bosque, era una gran canción cantada por voces infantiles, aunque no importa que tanto buscaban aquellos hombres, que venían a cazar, la procedencia del sonido, jamás sabia de donde venia, lo escuchaban claro, cerca, cada vez se acercaba mas a ellos, pero cuando se volteaban no veían nada, y salían huyendo pensando que el bosque estaba embrujado… solo eran Hoprer y Olvher, los hijos de aquellos de las leyendas.
Los cazadores siempre escuchaban esas risas infantiles, se acercaban y la pequeña voz de una niña siempre decía – ¿no puedes verme? Estoy aquí – pero no veían nada, aunque la voz la hayan escuchado tan cerca de sus oídos.
– ¡basta, Hoprer! – le decía, aunque la voz del que parecía ser Olvher era de un tanto bromista, seguía riendo.
Un pequeño pueblo cerca de un rio y un campo en las afueras de la selva, estaba enterado de las millares de leyendas y testimonios de esos hombres asustados. Por dos años Hoprer y Olvher seguían asustando.
Los hombres ya casi no querían salir a cazar, pero como el pueblo donde vivían era muy pobre, no les quedaba otra opción, era el único sustento del aquel pueblo pequeño. Los pocos que lograron ver a Hoprer y a Olvher, los miraron con forma de dos niños, Hoprer una niña grande de aproximadamente diez años y Olvher un niño pequeño de cinco, vestidos con harapos y descalzos, las personas que los vieron aseguraron que ambos niños desaparecían tras los arboles, como por arte de magia.
La gente de ese pueblo sabia que podían llegar a fundirse con el bosque, solamente había que desearlo.
En el medio de la selva amazónica una pequeña choza estaba situada, construida con palos y ramas, era mas fuerte de lo que se veía, a dentro había una mesa, y tres camas, nada mas que ese mobiliario, si se le podía llamar así, hiervas, amuletos, tazones, potes con pociones y un libro… esa era la choza donde vivían Hoprer y Olvher.
Hoprer tenía nueve años de edad y Olvher solo cuatro, cuando se encontraban cenando con su abuelo, por una extraña razón que desconocían, jamás supieron su nombre. El abuelo era viejo, demasiado por temor de Hoprer, aunque le costaba admitirlo, le quedaba poco tiempo de vida, la familia se estaba reduciendo…
Desde que la madre de los niños murió, que fue hace cuatro años, mientras estaba dando a luz a Olvher, El Abuelo se encargo de enseñarle todo lo que saben, un ungüento que sanaba la culebrilla de un momento a otro, pociones para la jaqueca, que ayudaban a sanar los cortes, que quitaban las cicatrices… pero no solo cosas así, les enseño a alejar a los Besmuses, y a extraer malos espíritus, a desaparecer tras los arboles y a controlar los vientos, a quitar y poner barreras… muchas cosas mas.
Protegían animales, el bosque y la naturaleza, como su familia lo había hecho durante siglos.
Siempre los deslumbraba con los cuentos acerca de Hoprer y Olvher, aquellos ángeles expulsados del cielo.
– ¿que es eso? – pregunto Olvher, mientras echaba una miradita furtiva a la sopa del tazón de El Abuelo, que poco a poco se iba quedando dormido.
El Abuelo se despertó de repente y miro la imagen, les explico lo que era, les dijo que fue robado, pero no por quien, ni cuando, El Abuelo les dijo que por el, no tenia poderes como los de ellos.
Días después de lo que vieron en el tazón de sopa de El Abuelo, este murió… y su cuerpo fue absorbido por la naturaleza, transformándose en una nube de mariposas blanca y energía de luz.
Cuando vieron a la esencia de su abuelo desvanecerse, y la nube de mariposas disiparse y alejarse por caminos diferentes, tristemente Hoprer miro a su hermano – desde hoy, seré Hoprer y tu Olvher.
Y así, lo niños cambiaron sus verdaderos nombres, por aquellos que se escuchan en tantos cuentos y leyendas de terror. En honor a su abuelo y a su recuerdo.
Hoprer y Olvher, por los siguientes años, vivieron solos en la selva, cuidaban animales, protegían arboles, sembraban nuevas plantas, ayudaban con la vida y el balance… pero hacían lo que mas le gustaba, asustar a los cazadores…
Siempre reían y cantaban…
Alouette, gentille alouette,
Alouette, je te plumerai.
Je te plumerai la tête,
Je te plumerai la tête,
Et la tête, et la tête.
Se la sabían tan bien. Esa canción se las enseño su madre…
Alouette, gentille alouette,
Alouette, je te plumerai.
De una manera escalofriante que dejaban asustar a los hombres, simplemente por no saber de donde venia el sonido y la voz.
Los seres humanos le temen a aquello que no pueden ver… ni controlar.
Pero Hoprer y Olvher solo eran dos niños pequeños, dos niños traviesos y juguetones, pero también buenos. Los dos hermanos se complementaban el uno al otro, Hoprer necesitaba a Olvher… y Olvher sin Hoprer no era nada.
Ellos sentían el uno por el otro un cariño mutuo, que era más grande por falta de su madre, de su padre y ahora de su Abuelo.
Además de asustar a los cobardes cazadores con canciones y risas sin sentido, lo que más le gustaba a  Hoprer, era mostrarse y desaparecer. El cazador que mas la vio de cerca, aseguro que era una niña, con largo cabello rubio y mechones de color café, sus ojos eran de un verde impredecible, como el color de la naturaleza en septiembre de la selva amazónica, sus ojos eran lo que mas destacaba en su cara blanca y traslucida.
Hoprer y Olvher siempre estaban ocupados, ayudando a la naturaleza, haciendo pociones y practicando encantamientos y magia con sus anillos, cuando no hacían eso, molestaban a los cazadores, aunque a veces escuchaban la voz de El Abuelo en el viento que los reprendía y les decía que eso era malo, cuando no había cazadores en el bosque a quien molestar, Hoprer y Olvher jugaban a las escondidas…
– cuarenta y ocho, cuarenta y nueve, cincuenta – contaba Olvher con las manos en los ojos – Estés lista o no, voy a buscarte An… Hoprer.
El bosque era muy extenso, aun en el día, estaba la mayoría de ellos en penumbras, que ocultaban todo más lejos de tus pies. Los troncos eran altos, las ramas empezaban a crecer por unos cuantos metros sobre su cabeza, las hojas que llenaban las ramas volviéndolos frondosos, tenían un metálico y brillante color verde. El suelo estaba recubierto por ramitas marrones de color barro y hojas secas de la ultima temporada, que aun no se habían vuelto parte de la tierra.
El sol penetraba por las ramas escasas, para hacer varios haz de luz uniformes, que deslumbra los ojos verdes de Olvher con el movimiento de cada ser vivo.
La selva era un lugar muy vivo, estaba repleta de sonidos tanto hermosos como perjudiciales, los cantos de los búhos en las noches, las de las aves y alondras en el día, los grillos y las chicharras en las mañanas, el sonido constante e interminable del viento rozar contra las ramas de los altos arboles. Cada vez que ellos miraban los arboles se daban cuenta de los diminutos que son…
El gran bosque era un lugar de sonidos y movimientos, y por eso, jugar a las escondidas era una verdadera odisea. El pequeño capto movimiento por el rabillo del ojo, pero al voltearse, fue vislumbrado por la gran figura intimidante de un venado con grandes astas.
Camino alejándose de las rocas que quedan paralelas a la pequeña y gran choza donde viven. Mientras buscaba tras cada árbol gigante que se encontraba a su paso, su hermana mayor Hoprer se reía y caminaba de uno a otro.
– Ya termino el juego, Hoprer – dijo Olvher exasperado ya que no podía encontrar a su hermana.
Detrás de el, la figura de su hermana camino de un árbol a otro y desapareció en el siguiente, para encontrarse en uno frente a su pequeño hermano.
Uno de sus mechones rubios fue vislumbrado por el sol, y Olvher salto de júbilo, al encontrar a Hoprer – Te vi.
Cuando se dirigió corriendo al grueso tronco, ya Hoprer no se encontraba hay – no seas tramposa, Hoprer… no debes desaparecer…
Su hermana estaba tras el – las reglas de las escondidas no dicen por ninguna parte que se prohíba desaparecer.
Olvher frunció el ceño e hizo un pequeño puchero. Sus fracciones se veían hermosas y radiantes. Abrió la boca para argumentar algo, pero en vez de sus palabras, lo que se escucho fue un disparo y unas pisadas cercanas… Hoprer y Olvher se miraron el uno al otro, y sin nada más que decir, corrieron a la procedencia del sonido.
Un cazador joven, de pelo castaño y piel morena, tenía en su mano un rifle y corría hacia su presa.
Los niños comenzaron a cantar:
Soy Hoprer,
Yo Olvher.
Venimos unidos,
Tú ya nos temes,
Aunque somos niños.

El cazador se detuvo, miro al sonido, pero las voces venían de todos lados. Dejo caer el rifle y corrió aterrado de vuelta al pueblo, dejando a su presa morir.
Los niños fueron hacia el animal mal herido, era el venado que Olvher había visto momentos antes. Se quejaba de dolor, podía sentir lo que el sentía, ese era el poder principal de Olvher. El venado se echaba sobre el barro hecho con su sangre. Tenía los ojos muy vivos y asustados.
– Tranquilo, tranquilo – susurro Olvher, y el venado dejo de moverse bruscamente. Como si le entendiera.
Hoprer, volvió a la choza, donde de una botella de madera, saco un ungüento, para aplicarle en la herida al pobre y asustado animal. Cuando volvió, esta yacía en el suelo, calmado como un perro manso. Le aplico el ungüento de color verde tierra, y la herida hecho espuma, los perdigones salieron y la sangre cerro la herida, sin dejar una simple cicatriz.
El animal se levanto con gracia, y cerro sus ojos en forma de agradecimiento, se alejo lentamente en el bosque.

De regreso a la choza, los niños pasaron por un rio, en el que estaba una gran mancha naranja a rayas negras bebiendo agua de la poza menos profunda, el tigre los miro y les hizo reverencia, al igual que el vendado, después siguió bebiendo agua normalmente. Cada animal que veían les agradecían de forma única. Las ramas de los árboles se batían en euforia.
Continuara...
Tarah Zeng.

Ángeles guardianes.

PREFACIO.
Imamiah.
 – vamos Cielo, nada va a pasar, solo es un juego – insistió Judith, era la decima vez que le decía eso a Graciela. No quería que lo hiciera y mucho que le susurraba en su conciencia que no aceptara, Cielo ya estaba por ceder, tan solo para quitarse de encima a Judith, su prima, y por la curiosidad de saber si eso era así como Judith le había dicho.
“no lo hagas, Cielo” susurre, ella me entendía, aunque no me veía, siempre estaba con ella, y ella lo sabia.
Diez años, esa edad tenía en ese entonces, pero sabía más que otras personas, sabia de la existencia de otras cosas, ya que su familia le había enseñado acerca del mundo espiritual, para que establezca una relación con Dios… aunque, los niños a esa edad, sabían, que mas de lo que ven, eran cosas reales.
 – No me comentaste que te gustaría saber acerca de este mundo – dijo Judith, ella sabia muy bien, que si caía, se llevaría a Cielo con ella, esa era su intención – es tu única oportunidad, Graciela.
Había estado tratando de convencer a Graciela desde hace dos días, diciéndole que esa era la única oportunidad que tenia para entrar en el mundo que por naturaleza le correspondía, diciéndole que ella sabia lo que hacia, pero era tan inexperta con eso, seria la primera vez que jugarían la ouija.
Cielo, Graciela, escúchame, no lo hagas, no vayas con ella” puse mi mano en su mejilla pero solo la traspaso, y Cielo cerro los ojos, como si en verdad lo hubiera sentido.
Graciela era un niña de fracciones hermosas, su cabello era de un intenso color castaño, como la madera pulida de un árbol, tenia una piel tostada por el sol, ya que desde que nació, y la vi, era blanca como la leche fresca, su piel cambio de color. Tenia unas mejillas rosadas como piel de bebe. Una cara acorazonada que le daba un aspecto tierno. En el puente de la nariz, un puñado de pecas que casi no eran visibles. Y unos ojos de un bonito color gris, un gris deslumbrante que te hipnotiza y te atrapa, una vez que miraras en sus ojos, jamás volverías a ser libre.
Se que me escucho como un hombre enamorado, pero en verdad lo soy, estoy enamorado del amor, y amo a Cielo, porque debo protegerla de todo. Ella es mi niña y solo quiero que sea feliz, que logre todos sus objetivos en la vida. Pero ahora, para esto estoy, tengo que protegerla de las malas influencias de Judith, aunque fuera de la familia Fuenmayor, no era igual a los demás integrantes, en ella había algo oscuro.
Cielo asintió levemente, pero Judith lo noto, y mi mundo se derrumbo – lo hare Jud, enséñame como – dijo Cielo con su suave voz y sus ojos casi se convierten en cascadas.
Una sonrisa maliciosa se extendió por los labios rosas de Judith. Casi dio un salto cuando tomo a Cielo del brazo, y la jalo por los pasillos de la escuela. – Solo tengo una duda – dijo Cielo siendo arrastrada – estamos en la escuela, ¿como vamos a poder jugar?
– La hora del recreo estaremos libres, las maestras se irán como siempre y dejaran los salones abiertos, Elida nos estará esperando en su salón con la tabla – yo las seguía de cerca, escuchando lo tan planeado que estaba esto.
Cielo, escúchame, escucha a tu corazón, a tu conciencia, Graciela, no hagas esto, no sabes con que te metes. No sigas más, que te vas a arrepentir” el tiempo se paso en intentar hacer reconsiderar a Cielo su idea, pero ella estaba convencida de que haría eso, si eso le proporcionaba lo que esperaba. Cielo estaba escuchando sus pensamientos, sus deseos, no a su conciencia, no a mí.
Judith le había dicho que así encontraría lo que estaba buscando y así serian iguales, Cielo solo pensaba en eso, ser iguales, ya no seria la ultima, ahora seria considerada una Fuenmayor, así seria valorada por su abuela Liliana, aunque ella las quería a todas, prefería a Judith… por lo que podía hacer.
Cielo caminaba apresurada, pero asustada, a su encuentro con las demás, sabia que era malo, pero ¿por que no le hacia caso a su conciencia? ¿Por que no le hacia caso a sus miedos?
Al tocar la puerta, le abrió Elida, su prima menor, en ese entonces tenia ocho años, era liderada por Judith al ser la mayor, Elida no tenia mente propia, no tenia sueños ni deseos propios, ella solo era un reflejo de lo que era Judith, si ella le pedía que se lanzara de un acantilado, Elida lo haría sin pensarlo dos veces.
– pasa Graciela – dijo sin pensarlo dos veces.
Graciela entro y con ella, yo. Los pupitres estaban de un lado, las ventanas cerradas y las persianas bajadas, en el medio un circulo hecho con las niñas comprendidas entre ocho y doce años, de las cuales, la mayor era Judith.
En el salón había mínimo cinco niñas, todas amigas de Judith, había espectadoras en la parte trasera del salón, las niñas que no le creían a Judith ni una sola palabra, estaban aquí para ver si eso era real.
– No sabia que el fenómeno de tu prima iba a estar aquí – dijo una de ellas.
Judith colocando la tabla maligna en medio del círculo, con una sonrisa satisfactoria, como  pensaba que ninguna niña de doce años podría manipular, pero ella la manipulaba muy bien.
– ella es la atracción principal – dijo, con una voz que hacia que hasta los ratones se estremecieran de terror.
Eso asusto a Cielo mas de lo que estaba, trate una vez más. Me incline para quedar a su altura y susurre a su oído “vete, Cielo, vete”, Cielo vacilo, pero siguió, atravesándome. Cuando note, preocupado, vi como la más pequeña, Elida me miraba, aunque no escuchaba nada de lo que decía.
– Vete – susurro la pequeña Elida solo para mi.
Salí de allí, tenia que encontrar ayuda, así buscara a Miguel, a Gabriel, a Uriel, a Rafael, o al mismísimo Dios, pero necesitaba ayuda, me castigarían por dejar a Cielo a merced de la maldad. No me quedo de otra que invocar a Amit, la cual llego como un rayo, la note llegar por su calidez.
“me llamabas” dijo cuando llego, le sonreí como pude. Amit era hermosa como un ángel, su cabello era rubio y largo, su piel brillaba y su resplandor sobresaltaba, tenia los ojos mas azules que nunca antes había visto.
“¿donde esta Dante y Kyle? Los ángeles guardianes de Judith y Elida” le pregunte.
“no lo se”
“tu lo sabes todo”
“no es así” susurro “¿que pasa? Estas preocupado”
“Judith y Elida, se llevaron Cielo. La convencieron de jugar a la ouija” la cara de Amit se torno preocupada.
“en setecientos años, ninguno de la familia Fuenmayor ha jugado a la ouija” ella lo sabia bien, pues lleva setecientos años con la familia Fuenmayor.
“Judith y Elida son la excepción”
Un alboroto llamo mi atención, ya habían comenzado, fuimos rápidamente a donde surgía el alboroto, pero llegamos tarde, cuando entramos ahí estaban, demonios de escala mayor, Idan tocaba a Cielo, que yacía inconsciente en el suelo, la había dejado sola, no era bueno para ella, la había abandonado y ella pagaba el precio de mi imprudencia.
Había pupitres suspendidos en el aire que se estrellaban contra las paredes, las niñas lloraban, Elida estaba cerca de Cielo, al lado de Idan, ella los veía, pero no los escuchaba, lloraba desesperadamente por lo que le paso a su prima. Judith estaba sentada tranquila con un dedo sobre la tabla, ella y todas las niñas tenían los ojos cerrados.
Judith tenia una especie de sonrisa y se veía muy relajada “muy bien hecho, Judith” dijo una voz de ultratumba, sabia lo que pasaba, Él la había estado manipulando y Dante no había hecho bien su trabajo, pero rápidamente me recordé que yo también había fallado.
Idan miro hacia a mi, tenia una sonrisa maliciosa en su cara, rápidamente todos esos bichos raros se empezaron a ir al vernos venir a Amit y a mi. Las caras de los demonios eran las cosas mas aterradoras que puedes ver en toda tu existencia, antes eran ángeles, con la belleza que los caracteriza, pero la maldad los habían transformados.
Sus caras eran las de monos y criaturas que existen pero no existen, eran cosas que me daba asco tan solo por intentar describirlos, sus alas no eran como en las pinturas, que eran alas demoniacas, oscuras como de murciélagos, tan solo por ser seres nocturnos, eran alas como las de Amit, las de Dante, o las mías, alas de ángeles pintadas de negro… esencia intangible oscura.
Todos los demonios se marcharon, llevándose consigo a la oscuridad y la maldad que trajeron. Judith se desmayo. Idan no se marcho hasta que hizo lo que vino a hacer o hasta que se lo permití, fui rápidamente al lado de Cielo y Elida, mi resplandor lo sorprendió y se dio a la huida como todos sus compañeros. ¡Demonios cobardes! Que huyen para no dar la pelea, que actúan a las espaldas, tramposos, embusteros, calculadores… Dante y Kyle llegaron, pero no habían estado presentes en la huida de los ángeles oscuros. Las niñas seguían llorando.
“¿Qué ha pasado?” pregunto Kyle, mirando a su alrededor, dirigiéndose rápidamente a donde estaba Elida abrazando con fuerza la cabeza de Cielo en su regazo.
“¿Dónde estaban?” le respondí a su pregunta con otra pregunta, mientras me separaba de Cielo y Elida.
Kyle toco a Elida y ella, seguida de las otras niñas abrieron los ojos. Con los ojos llenos de lágrimas Elida susurro:
– estas aquí, ángel.
Judith, en los brazos de Dante también despertó. Sorprendidas miraron a su alrededor, todo estaba como antes, las mesas arregladas, las sillas en su lugar, la tabla al lado de la recién despierta Judith, miraron desconcertadas, ellas no podían vernos, la única que podía era Elida.
Una maestra alertada por el ruido llego al encuentro de las niñas.
– ¿que pasa? – pregunto preocupada y la seguían sus compañeras. Las niñas se miraban desconcertadas. Judith, fresca después de despertar, tapo la tabla de la ouija con su bolso y sonrió.
– Nada, solo jugábamos – se excuso Judith, pero ya no había la maldad en ella que había visto hace un momento.
– pero Graciela… Graciela, se ha desmayado – mintió Elida aun llorando, ¿como pudo haber mentido, para encubrir lo que habían hecho? La maestra se acerco a Graciela y la miro, ella ya empezaba a despertar. Amit había desaparecido.
Todo estaba como si nada hubiera pasado, solo una cosa cambio… mi Cielo.

Me situé a su lado y ella empezó a despertarse lentamente, sus ojos habían dejado de ser grises, ahora estaban tan negros que parecía muerta, su tez se había vuelto pálida como lo era el día en que nació, sus labios eran de un color morado, su cabello había perdido su brillo, había dejado de ser la misma, había dejado de ser mi Cielo.
Continuara...
Tarah Zeng.

24 horas para ser feliz...

Capitulo 1.
Una bella amistad... un pequeño cambio.
Los dos niños corrían por el camino desolado que llevaba a la casa de uno de ellos, que llevaba a la casa de Ric. Rápido, rápido, más rápido, tenía que llegar a tiempo. Eran cerca de las ocho de la mañana y sabían que al despertarse, él preguntaría por Ric.
– Corre, Ric, corre, Ric – decía Mai, mientras lo seguía de cerca.
Mai era una niña hermosa, en su piel blanca se reflejaba los hermosos destellos del día recién llegado, su cabello castaño y ondeante, brillaba como el oro, sus hermosos ojos zafiros, mostraban la preocupación por su mejor amigo. Llevaba un vestido blanco, que hacia contraste en el verde del campo, se veía como un fantasma que huía de algo, en sus manos su gorro y una canasta, cuyo contenido eran sus sandalias.
Ric corría hasta más no poder, atravesaron el puente y corrían entre la paja alta y los naranjales, no podía llegar tarde. Ric era un chico apuesto, tenia solo diez años cuando eso y Mai solo ocho. La piel del niño era de un color moreno, por el alto trabajo del campo, tenía una cicatriz en su mejilla derecha por un latigazo que le proporcionaron, su cabello era más oscuro que el de Mai y menos rizado, pero tan largo que le tapaba los ojos.
– ¡Ricardo! – Se escuchaba el grito de su padre atravesar el campo – ¿¡a donde diablos te metiste niño del demonio!?
A la lejanía, entre pajas verdes se alzaba la casa de madera, un poco descuidada desde la muerte de la madre de Ric, y hoy el aniversario de su muerte, Ric había ido muy temprano a llevarle flores y Mai lo había acompañado, pero se demoraron en el camino.
Los gritos desgarraban el silencio, casi se podía llegar a pensar que romperían vidrios.
Ric se detuvo, deteniendo también a Mai – quédate aquí – le dijo a la niña que comenzaba a hiperventilar – volveré y te llevare a tu casa.
La niña asintió y vio como la figura de su amigo desaparecía en el interior de la casa, unos gritos de su padre y del hermano mayor de Ric surgieron de entre la casa. Mai dejo caer la canasta y se puso su sombrero, y se dirigió a donde proceden los gritos.
Entro para escuchar el portazo de la puerta de la habitación del hermano mayor de Ric, como siempre ignorando el problema. El padre de Ric, el señor León, se veía enojado, era un viejo gordo cuyo cabello se le había caído en el cogote y se pintaba sus pelos de un gris  cano, aunque seguía teniendo algo de negro.
El señor León tenía a Ric del brazo – ¿¡donde diablos andabas!? Sabes muy bien que no tiene permiso de salir antes de que sean las diez y hayas terminado todas tus tareas.
Por alguna extraña razón, el padre de Ric siempre que se dirigía a sus hijos eran gritando, eso enojaba a Mai.
– Estaba en el cementerio – la voz de Ric sonó ronca y rota, casi lloraba – hoy es el aniversario de la muerte de mamá. Estaba con Mai llevándole flores.
La expresión del señor León cambio a una de un pervertido y psicópata – así que estabas con la ricura de tu noviecita...
– no te expreses así de ella... Mai no es mi novia, es mi amiga...
El señor León enojado, golpeo a Ric en el moflete, dejándolo rojo e hinchado, Mai no podía quedarse así, y de un momento a otro dejo de ser una sombra y un fantasma pintado en la pared, el señor León empezó a pegarle con las manos por las piernas y el trasero, Ric chillaba.
– ¡déjele en paz! – grito Mai mientras trataba de hacer que le dejara.
El viejo la miro y se quito a la niña de encima, empujándola y haciéndola caer en el duro suelo, Mai hizo una mueca de dolor – ¿por que le pegas? – dijo Ric a su lado y ayudándola a pararse, pero el viejo lo tira a él también y toma a Mai del brazo.
– tu también necesitas un buen escarmiento...
Empieza a darle de nalgadas a la niña que chilla – ¡déjala! ¡Suéltala! – gritaba Ric, se levanto y tomo una de las tablas flojas de la mesa a su lado, le dio con todo lo que fue capaz a su padre en el espacio calvo de su cabeza. El viejo padre de Ric callo inconsciente en el suelo, sobre Mai.
– ¡quítalo de encima! ¡Me aplasta! – chillaba la niña.
Ric la ayudo a salir y con una incontrovertible mezcla de furia, asombro y miedo dijo – he matado a mi padre. ¡Joel mate a papá!
Joel, su hermano mayor grito desde su habitación, enojado o exasperado de tanto ruido y los malos tratos – ¡entiérralo en el patio!
– vete a tu casa Mai. Tu madre debe de estar preocupada.
La niña negó rotundamente – no me iré sin ti.
– vete.
– no.
Ric negó con la cabeza – he matado a mi padre ¿no lo entiendes?
Mai se cruzo de brazos y se sentó en el suelo – revísalo y me llevas a casa... seguro no esta muerto.
Ric asintió y se acerco a su padre, no se veía para nada bien, tenía sangre en el cogote y se le veía un hematoma muy grande, su boca estaba abierta y fluía saliva fuera de ella. De repente le vuelve la conciencia y toma a Ric por el brazo, grita alertando a Mai, quien a su vez grita – suéltalo.
La niña se lanza sobre el hombre aun en el suelo y le muerde el brazo lleno de vellos, Mai sentía asco de su brazo, pero tenia que salvar a Ric, el viejo exclama un ¡Auch! Y suelta a Ric para sobarse la mordida de la niña que le quedo rosa.
Mai y Ric sale por la puerta alejándose de los gritos del viejo que llamaba a su hijo – ¡Ricardo! ¡Vuelve aquí pequeño engendro...!
Su voz fue tragada por la lejanía...

Tres años después...
Ric y Mai fueron los mejores amigos desde que nacieron, sus madres habían sido amigas y esa amistad se les fue transmitida a ellos, pasaban cada segundo de su vida juntos, iban al colegio juntos, Ric llevaba dos años sobre Mai, siempre se duchaban en las tardes calurosas al las orillas de aquel rio tan fresco y hermoso del pequeño pueblo sin nombre.
Eso fue así, hasta la llegada de América. Ella se entrometió en la relación de amistad entre Ric y Mai, separándolos cada vez, hasta que un día, Ric y Mai casi ni se encontraban. Con los trece años de Ric recién cumplido, América se convirtió en su novia, y Mai solo era una simple niña que era su amiga.
– mamá, Ric no va a venir – decía Mai resignada y con parsimonia, Ric se había demorado ya mas de media hora – ha de estar con América.
Era el día del cumpleaños numero once de Mai, cada año, su familia, que estaba integrada por su padre Andrés, su madre Margarita, su mejor amigo Ric, que era como su hermano mayor, y la pequeña Eleonor, compartían tarta de chocolate y fresa a la hora del almuerzo, era como una tradición familiar, y este era el único año en que Ric no llegaba a tiempo.
Su padre le presto atención especial a su hija, dejo su libro a un lado, y sus lentes sobre este, era un señor mayor, tenia mas cincuenta años, su pelo se pintaba de un gris, pero se apreciaba el mismo color un poco opaco del que Mai poseía. El señor Castro siempre decía que Mai era un milagro, ya que nació cuando el tenia poco mas de cuarenta años, y pensaba que los hijos no eran para el.
Le acaricio el pelo castaño dorado de su hija – seguro vendrá pronto, sabes muy bien como su padre se porta con el, y aun así, nunca ha faltado a ninguna de tus fiestas...
Mai hacia un puchero, como respuesta a las sonrisas despreocupadas de las tres personas presentes – no estoy dispuesta a seguir esperándole...
Su madre bajo la mirada y con una sonrisa triste le responde – entonces... ahora cantemos la canción y comamos pastel – da una sonrisa fingida y observa a todos, que trataban de subirle el animo a la niña cumpleañera.
– ¡no quiero que canten! – replica Mai con lagrimas en los ojos, ocasionando así, que sus luminoso ojos zafiros se vieran mas brillantes y mas grandes. Baja la mirada y una lagrima se desliza por su suave y aterciopelada mejilla – corten el pastel – dijo con mas calma – no habrá canción este año...
La señora Castro corta la tarde de fresa que se encontraba en frente de Mai, quitándole las once velitas que lo acompañaban ese año, la frase “Feliz Cumpleaños, Maily” había sido borrada por la misma mientras se comía el merengue al esperar durante tanto tiempo.
Mai se queda vacía, mirando sin expresión alguna la pequeña tarta de chocolate al lado de la grande, era especial para Ric, ya que el odiaba la fresa...
Eleonor abraza a Mai, y recalca su cabeza en su pecho, tratando de consolarla – Ric llegara, eres su mejor amiga, y aunque ya se tarde, es mejor tarde que nunca, ¿no crees?
La mira a los ojos, Ric le había fallado mucho a Mai desde que estaba con América, y ya no quería seguir con eso – llegar tarde es como no haber llegado...
Se levanta y se va... Mai triste salió de su casa, monto su bicicleta y pedaleo hasta perderse en el camino que llevaba a las granjas y posteriormente al rio, trato de aguantar las lagrimas que se formaban en sus ojos, y lo hizo, con una fortaleza que ella misma no sabia que tenia.
Media hora de Después, un alto y apuesto chico de trece años corría muy desesperado, entre casas y calles, llegaba tarde, llegaba tarde, se repetía en su mente, como pudo olvidar el cumpleaños de su mejor amiga. La guitarra en su espalda le estorbaba para correr, pero tenía que llevarla por las buenas...
Solo dos horas antes, Ric ya había terminado sus tareas en la casa, como eran las reglas, tendría dos horas hasta que le tocaba volver al trabajo del campo, dos horas que aprovecharía con su hermosa novia en el parque, pero, por un extraño presentimiento, pensaba que se le estaba olvidando algo, algo muy importante.
No le dio mas importancia y siguió caminando lentamente, una vez en el parque, observo, buscando entre las pocas personas que estaban hay, a la que le interesaba, Después de un rato, observo a lo lejos la figura andante de una rubia de tez blanca.
– Ric – chillo esta a su vez emocionada, corrió hacia el, lanzándose a sus brazos y plantándole un beso en los labios – tenia tantas ganas de verte.
Todos los días, desde hace poco mas de un año, Ric se reunía con América en el parque después de que se hicieron amigos, esa relación fue creciendo hasta convertirse en un puro e inocente noviazgo infantil, pero esa relación, alejo a Ric de Mai, y también a su recuerdo.
– yo quería verte también...
Lo dijo con una voz lejana, como si estuviera sumido en sus pensamientos, vi los ojos de América y los vio azules...
– Te traje esto – le tendió un papel muy bien doblado... nunca le había dicho a América sus ganas de llegar a ser un poeta, esto era lo primero que le ensañaba a su novia de su sueño, era una manera de decirle lo que quería, y quería decirle gracias.
Ella con la mirada perdida lo tomo de sus manos y leyó el poema en voz baja, cuando termino, se rio, lo que hizo que Ric se desalentara mucho – que pasa – pregunto Ric.
Ella lo miro con una expresión de que era obvio d que se reía, y releyó el poema en voz alta...
Tus ojos zafiros
Labraron mi destino
Tu boca tan rosa
Me pareció preciosa
Tu alma tan pura
Esta llena de dulzura
Me has acompañado
Has caminado conmigo
Por eso te amo
Porque eras algo más que mi amiga...

A Ric le parecía perfecto, no comprendía porque se reía de él y de su poema, ella siguió riendo por un momento al ver la expresión perdida y confusa en la cara de Ric – mis ojos no son zafiros, son grises – explico con una sonrisa amable – estabas pensando en Maily, ¿verdad? – Ric frunció el ceño, pero también estaba apenado – Maily si, tiene ojos zafiros... y muy bonitos por cierto.
Le entrego el papel a Ric tal cual como el lo había hecho, paso de largo y se sentó en una banca a la sombra de un gran árbol de roble, ese parque, era una preciosidad ecologista, uno de muchos de lo que había hay, cuando se vive en los suburbios de un pequeño pueblo, los habitantes conviven mucho con el ambiente y la naturaleza.
América cerro los ojos, sintiendo la briza a través de su cabello, se veía hermosa – ¿quieres tomar conmigo un helado? – le pregunto Ric que se posiciono frente a ella, al abrir los ojos, noto que era bañado por los rayos del sol y se veía como una estrella parpadeando en el cielo, ella asintió lentamente.
Casi una hora y media después, Ric seguía en el parque, riendo escandalosamente junto a la rubia de América, entonces nota una pequeña figura que se acercaba, que era nada mas y nada menos que la pequeña Eleonor Rosales, caminaba cabizbaja y se veía muy triste.
Eleonor era una niña como muchas de la familia Rosales, con solo siete años de edad, era la más pequeña de trece hermanas y de cinco hermanos, por lo que era muy consentida, aunque sus padres no le prestaban mucha atención, tenía muy buenos modales, y a veces, solo a veces, osaba a comportarse como un animal salvaje.
La pequeña tenia el pelo rojo como el fuego, la piel amarilla y calidad como la arena de la playa, y la cara llena de pecas que se situaban principalmente en el puente de la nariz, y que la hacia ver mas bonita de lo que ya era.
Pero la tristeza no le quedaba bien – ¡Hey! ¡Ellie! – le grita Ric para llamar su atención, la niña busca con la mirada el lugar de procedencia de la voz, cuando ve a Ric, su mirada se vuelve algo mas asesina y fría, se dirige rápidamente a donde esta el, tan furiosa que llegaría a destrozar un coche si tenia la oportunidad.
América abrió la boca para saludarla cordialmente como lo hacia siempre que la veía, pero no pudo mencionar palabra alguna.
– ¿así que estabas con esa greñuda? – explota, Ric no sabe que le pasa, usualmente Eleonor era muy amable con América, todo lo contrario a Mai.
Frunce el ceño – ¿que te pasa?
– ¿que, que me pasa? ¿Que, que me pasa? – Pregunta una y otra vez, lo señalo con su pequeño dedo índice, aunque Ric era alto para tener trece, no lograba sentirse intimidada – tu faltaste a la fiesta de Mai... hoy ha cumplido once años... ¡y tu! Estabas con... ella – la miro con odio – Mai te estuvo esperando hasta ahora.
Ric se levanto corriendo hasta mas no poder al escuchar a la niña... eso era lo que se le había olvidado, el cumpleaños de Mai... ¿como pudo olvidarlo?
El último grito de Ellie resonó como eco en su cabeza – ¡ella ya se ha marchado!
Corrió hasta llegar a su casa, no podía ir a la morada de la familia Castro sin un regalo para su amiga, seria un regalo sencillo, pero sabia que seguro le encantaría a Mai, entro en la casa agotado y jadeando, y escucho los ronquidos de su padre como cada fin de semana, estaba tomando su siesta después de unos tragos, entro sin hacer ruido para luego salir de igual manera.
Sabia que, como cada vez que su padre se dormía, su hermano Joel no estaría en casa, nunca estaba de todos modos.
Entro en su habitación, que hizo el clásico y usual ruido al que se había acostumbrado desde hace mucho, ese ruido alerto a dos personas que se encontraban besándose apasionadamente en la cama de su hermano.
Y en efecto, Joel se encontraba hay con una pequeña mujerzuela de pelo negro – ¡estúpido engendro! ¿¡Que rayos haces aquí!?
Ric se sonrojo mucho y bajo la cabeza apenado, lo peor que le podía haber pasado, era encontrar a su hermano en pleno acto – ¡bajare en un momento!
Ric busco entre sus cosas la guitarra que hace un par de años, le había regalado la familia Castro, era un obsequio de los familiares de Mai, por ser como un hijo para ellos, y por estar siempre con la pequeña y cuidarla con tanto cariño, pero últimamente había fallado, no se merecía esa guitarra.
Pero fue lo primero que se le ocurrió…
Recordó también aquel collar tan bonito que los unía, el collar de amigos que el mismo le regalo hace un par de años… su collar, tenia una M de colgante, la eme de Maily… lo busco entre sus cosas, y no lo encontraba, desde que América le menciono que era algo ridículo y absurdo llevar la letra inicial de esa niña, que parecía que estaba enamorado de ella, se lo quito, y decidió guardarlo, pero sabia que Mai seguía llevando la suya.
Lo encontró y miro la eme con una sonrisa de satisfacción en su rostro, se lo coloco como pudo, pero una voz enojada le recordó que no estaba solo – ¿¡te vas o te vas!?
La pequeña mujerzuela soltó una risita por la impaciencia de Joel – ¡ya me voy! – grito Ric.
Salió de hay sin levantar la vista y se encamino a paso rápido hacia la casa de Mai, pero se percato, que si le iba a cantar una canción, ¿Cuál seria? No tenia una letra en especial para Mai, así que se detuvo, se encontraba a punto de cruzar el puente… recordó todas las veces que cruzo con Mai por hay… que dividía, el pequeño pueblo con las granjas y los campos de maizales, trigales, ajonjolíes, entre otros y muchos, así mismo con el bosque.
Los recuerdos parecían tan lejanos…
Se sentó a la sombra de un árbol cercano, tocando los acordes de la guitarra, no tenia idea de que tocar, pero enseguida consiguió una melodía que lo dejo satisfecho, solo faltaba la letra, pero para eso, Mai seria su musa…
Trato una vez.
Desde que tu estas aquí…
Desde que llegaste a mí…

No le gusto, era hermoso, pero no rimaba con la melodía, y trato otra vez…

Eres un ángel,
Que me trajo bondad…

Le gusto, pero no sabia que mas decirle a su amiga.

Se levanto y de su ropa cayo un papel doblado que le llamo la atención, con curiosidad lo levanto del suelo, recordando que era el poema para América, lo releyó, y volvió a sentarse en el pie del árbol, toco la música con la letra y le pareció perfecta.

Corrió en busca de Mai, directamente a la casa de los Castro, aunque Eleonor le había anunciado… mejor dicho, le había gritado que Mai no estaba en su casa.
Continuara...
Tarah Zeng.