Capitulo 1.
Una bella amistad... un pequeño cambio.
Los
dos niños corrían por el camino desolado que llevaba a la casa de uno de ellos,
que llevaba a la casa de Ric. Rápido, rápido, más rápido, tenía que llegar a
tiempo. Eran cerca de las ocho de la mañana y sabían que al despertarse, él
preguntaría por Ric.
–
Corre, Ric, corre, Ric – decía Mai, mientras lo seguía de cerca.
Mai
era una niña hermosa, en su piel blanca se reflejaba los hermosos destellos del
día recién llegado, su cabello castaño y ondeante, brillaba como el oro, sus
hermosos ojos zafiros, mostraban la preocupación por su mejor amigo. Llevaba un
vestido blanco, que hacia contraste en el verde del campo, se veía como un
fantasma que huía de algo, en sus manos su gorro y una canasta, cuyo contenido
eran sus sandalias.
Ric
corría hasta más no poder, atravesaron el puente y corrían entre la paja alta y
los naranjales, no podía llegar tarde. Ric era un chico apuesto, tenia solo
diez años cuando eso y Mai solo ocho. La piel del niño era de un color moreno,
por el alto trabajo del campo, tenía una cicatriz en su mejilla derecha por un
latigazo que le proporcionaron, su cabello era más oscuro que el de Mai y menos
rizado, pero tan largo que le tapaba los ojos.
–
¡Ricardo! – Se escuchaba el grito de su padre atravesar el campo – ¿¡a donde
diablos te metiste niño del demonio!?
A
la lejanía, entre pajas verdes se alzaba la casa de madera, un poco descuidada
desde la muerte de la madre de Ric, y hoy el aniversario de su muerte, Ric
había ido muy temprano a llevarle flores y Mai lo había acompañado, pero se
demoraron en el camino.
Los
gritos desgarraban el silencio, casi se podía llegar a pensar que romperían vidrios.
Ric
se detuvo, deteniendo también a Mai – quédate aquí – le dijo a la niña que
comenzaba a hiperventilar – volveré y te llevare a tu casa.
La
niña asintió y vio como la figura de su amigo desaparecía en el interior de la
casa, unos gritos de su padre y del hermano mayor de Ric surgieron de entre la
casa. Mai dejo caer la canasta y se puso su sombrero, y se dirigió a donde
proceden los gritos.
Entro
para escuchar el portazo de la puerta de la habitación del hermano mayor de
Ric, como siempre ignorando el problema. El padre de Ric, el señor León, se
veía enojado, era un viejo gordo cuyo cabello se le había caído en el cogote y
se pintaba sus pelos de un gris cano,
aunque seguía teniendo algo de negro.
El
señor León tenía a Ric del brazo – ¿¡donde diablos andabas!? Sabes muy bien que
no tiene permiso de salir antes de que sean las diez y hayas terminado todas
tus tareas.
Por
alguna extraña razón, el padre de Ric siempre que se dirigía a sus hijos eran
gritando, eso enojaba a Mai.
–
Estaba en el cementerio – la voz de Ric sonó ronca y rota, casi lloraba – hoy
es el aniversario de la muerte de mamá. Estaba con Mai llevándole flores.
La
expresión del señor León cambio a una de un pervertido y psicópata – así que
estabas con la ricura de tu noviecita...
–
no te expreses así de ella... Mai no es mi novia, es mi amiga...
El
señor León enojado, golpeo a Ric en el moflete, dejándolo rojo e hinchado, Mai
no podía quedarse así, y de un momento a otro dejo de ser una sombra y un
fantasma pintado en la pared, el señor León empezó a pegarle con las manos por
las piernas y el trasero, Ric chillaba.
–
¡déjele en paz! – grito Mai mientras trataba de hacer que le dejara.
El
viejo la miro y se quito a la niña de encima, empujándola y haciéndola caer en
el duro suelo, Mai hizo una mueca de dolor – ¿por que le pegas? – dijo Ric a su
lado y ayudándola a pararse, pero el viejo lo tira a él también y toma a Mai
del brazo.
–
tu también necesitas un buen escarmiento...
Empieza
a darle de nalgadas a la niña que chilla – ¡déjala! ¡Suéltala! – gritaba Ric,
se levanto y tomo una de las tablas flojas de la mesa a su lado, le dio con
todo lo que fue capaz a su padre en el espacio calvo de su cabeza. El viejo
padre de Ric callo inconsciente en el suelo, sobre Mai.
–
¡quítalo de encima! ¡Me aplasta! – chillaba la niña.
Ric
la ayudo a salir y con una incontrovertible mezcla de furia, asombro y miedo
dijo – he matado a mi padre. ¡Joel mate a papá!
Joel,
su hermano mayor grito desde su habitación, enojado o exasperado de tanto ruido
y los malos tratos – ¡entiérralo en el patio!
– vete a tu casa Mai. Tu
madre debe de estar preocupada.
La
niña negó rotundamente – no me iré sin ti.
–
vete.
–
no.
Ric
negó con la cabeza – he matado a mi padre ¿no lo entiendes?
Mai
se cruzo de brazos y se sentó en el suelo – revísalo y me llevas a casa...
seguro no esta muerto.
Ric
asintió y se acerco a su padre, no se veía para nada bien, tenía sangre en el
cogote y se le veía un hematoma muy grande, su boca estaba abierta y fluía
saliva fuera de ella. De repente le vuelve la conciencia y toma a Ric por el
brazo, grita alertando a Mai, quien a su vez grita – suéltalo.
La
niña se lanza sobre el hombre aun en el suelo y le muerde el brazo lleno de
vellos, Mai sentía asco de su brazo, pero tenia que salvar a Ric, el viejo
exclama un ¡Auch! Y suelta a Ric para sobarse la mordida de la niña que le
quedo rosa.
Mai
y Ric sale por la puerta alejándose de los gritos del viejo que llamaba a su
hijo – ¡Ricardo! ¡Vuelve aquí pequeño engendro...!
Su
voz fue tragada por la lejanía...
Tres
años después...
Ric
y Mai fueron los mejores amigos desde que nacieron, sus madres habían sido
amigas y esa amistad se les fue transmitida a ellos, pasaban cada segundo de su
vida juntos, iban al colegio juntos, Ric llevaba dos años sobre Mai, siempre se
duchaban en las tardes calurosas al las orillas de aquel rio tan fresco y
hermoso del pequeño pueblo sin nombre.
Eso
fue así, hasta la llegada de América. Ella se entrometió en la relación de
amistad entre Ric y Mai, separándolos cada vez, hasta que un día, Ric y Mai
casi ni se encontraban. Con los trece años de Ric recién cumplido, América se
convirtió en su novia, y Mai solo era una simple niña que era su amiga.
–
mamá, Ric no va a venir – decía Mai resignada y con parsimonia, Ric se había
demorado ya mas de media hora – ha de estar con América.
Era
el día del cumpleaños numero once de Mai, cada año, su familia, que estaba
integrada por su padre Andrés, su madre Margarita, su mejor amigo Ric, que era
como su hermano mayor, y la pequeña Eleonor, compartían tarta de chocolate y
fresa a la hora del almuerzo, era como una tradición familiar, y este era el
único año en que Ric no llegaba a tiempo.
Su
padre le presto atención especial a su hija, dejo su libro a un lado, y sus
lentes sobre este, era un señor mayor, tenia mas cincuenta años, su pelo se
pintaba de un gris, pero se apreciaba el mismo color un poco opaco del que Mai
poseía. El señor Castro siempre decía que Mai era un milagro, ya que nació
cuando el tenia poco mas de cuarenta años, y pensaba que los hijos no eran para
el.
Le
acaricio el pelo castaño dorado de su hija – seguro vendrá pronto, sabes muy
bien como su padre se porta con el, y aun así, nunca ha faltado a ninguna de
tus fiestas...
Mai
hacia un puchero, como respuesta a las sonrisas despreocupadas de las tres
personas presentes – no estoy dispuesta a seguir esperándole...
Su
madre bajo la mirada y con una sonrisa triste le responde – entonces... ahora
cantemos la canción y comamos pastel – da una sonrisa fingida y observa a
todos, que trataban de subirle el animo a la niña cumpleañera.
–
¡no quiero que canten! – replica Mai con lagrimas en los ojos, ocasionando así,
que sus luminoso ojos zafiros se vieran mas brillantes y mas grandes. Baja la
mirada y una lagrima se desliza por su suave y aterciopelada mejilla – corten
el pastel – dijo con mas calma – no habrá canción este año...
La
señora Castro corta la tarde de fresa que se encontraba en frente de Mai,
quitándole las once velitas que lo acompañaban ese año, la frase “Feliz
Cumpleaños, Maily” había sido borrada por la misma mientras se comía el
merengue al esperar durante tanto tiempo.
Mai
se queda vacía, mirando sin expresión alguna la pequeña tarta de chocolate al
lado de la grande, era especial para Ric, ya que el odiaba la fresa...
Eleonor
abraza a Mai, y recalca su cabeza en su pecho, tratando de consolarla – Ric
llegara, eres su mejor amiga, y aunque ya se tarde, es mejor tarde que nunca,
¿no crees?
La
mira a los ojos, Ric le había fallado mucho a Mai desde que estaba con América,
y ya no quería seguir con eso – llegar tarde es como no haber llegado...
Se
levanta y se va... Mai triste salió de su casa, monto su bicicleta y pedaleo
hasta perderse en el camino que llevaba a las granjas y posteriormente al rio,
trato de aguantar las lagrimas que se formaban en sus ojos, y lo hizo, con una
fortaleza que ella misma no sabia que tenia.
Media
hora de Después, un alto y apuesto chico de trece años corría muy desesperado,
entre casas y calles, llegaba tarde, llegaba tarde, se repetía en su mente,
como pudo olvidar el cumpleaños de su mejor amiga. La guitarra en su espalda le
estorbaba para correr, pero tenía que llevarla por las buenas...
Solo
dos horas antes, Ric ya había terminado sus tareas en la casa, como eran las
reglas, tendría dos horas hasta que le tocaba volver al trabajo del campo, dos
horas que aprovecharía con su hermosa novia en el parque, pero, por un extraño
presentimiento, pensaba que se le estaba olvidando algo, algo muy importante.
No
le dio mas importancia y siguió caminando lentamente, una vez en el parque,
observo, buscando entre las pocas personas que estaban hay, a la que le
interesaba, Después de un rato, observo a lo lejos la figura andante de una
rubia de tez blanca.
–
Ric – chillo esta a su vez emocionada, corrió hacia el, lanzándose a sus brazos
y plantándole un beso en los labios – tenia tantas ganas de verte.
Todos
los días, desde hace poco mas de un año, Ric se reunía con América en el parque
después de que se hicieron amigos, esa relación fue creciendo hasta convertirse
en un puro e inocente noviazgo infantil, pero esa relación, alejo a Ric de Mai,
y también a su recuerdo.
– yo quería verte
también...
Lo dijo con una
voz lejana, como si estuviera sumido en sus pensamientos, vi los ojos de
América y los vio azules...
– Te traje esto –
le tendió un papel muy bien doblado... nunca le había dicho a América sus ganas
de llegar a ser un poeta, esto era lo primero que le ensañaba a su novia de su
sueño, era una manera de decirle lo que quería, y quería decirle gracias.
Ella con la
mirada perdida lo tomo de sus manos y leyó el poema en voz baja, cuando
termino, se rio, lo que hizo que Ric se desalentara mucho – que pasa – pregunto
Ric.
Ella lo miro con
una expresión de que era obvio d que se reía, y releyó el poema en voz alta...
Tus ojos zafiros
Labraron mi
destino
Tu boca tan rosa
Me pareció
preciosa
Tu alma tan pura
Esta llena de
dulzura
Me has
acompañado
Has caminado
conmigo
Por eso te amo
Porque eras algo
más que mi amiga...
A
Ric le parecía perfecto, no comprendía porque se reía de él y de su poema, ella
siguió riendo por un momento al ver la expresión perdida y confusa en la cara
de Ric – mis ojos no son zafiros, son grises – explico con una sonrisa amable –
estabas pensando en Maily, ¿verdad? – Ric frunció el ceño, pero también estaba
apenado – Maily si, tiene ojos zafiros... y muy bonitos por cierto.
Le
entrego el papel a Ric tal cual como el lo había hecho, paso de largo y se
sentó en una banca a la sombra de un gran árbol de roble, ese parque, era una
preciosidad ecologista, uno de muchos de lo que había hay, cuando se vive en
los suburbios de un pequeño pueblo, los habitantes conviven mucho con el
ambiente y la naturaleza.
América
cerro los ojos, sintiendo la briza a través de su cabello, se veía hermosa –
¿quieres tomar conmigo un helado? – le pregunto Ric que se posiciono frente a
ella, al abrir los ojos, noto que era bañado por los rayos del sol y se veía
como una estrella parpadeando en el cielo, ella asintió lentamente.
Casi
una hora y media después, Ric seguía en el parque, riendo escandalosamente
junto a la rubia de América, entonces nota una pequeña figura que se acercaba,
que era nada mas y nada menos que la pequeña Eleonor Rosales, caminaba
cabizbaja y se veía muy triste.
Eleonor
era una niña como muchas de la familia Rosales, con solo siete años de edad,
era la más pequeña de trece hermanas y de cinco hermanos, por lo que era muy
consentida, aunque sus padres no le prestaban mucha atención, tenía muy buenos modales,
y a veces, solo a veces, osaba a comportarse como un animal salvaje.
La
pequeña tenia el pelo rojo como el fuego, la piel amarilla y calidad como la
arena de la playa, y la cara llena de pecas que se situaban principalmente en
el puente de la nariz, y que la hacia ver mas bonita de lo que ya era.
Pero
la tristeza no le quedaba bien – ¡Hey! ¡Ellie! – le grita Ric para llamar su
atención, la niña busca con la mirada el lugar de procedencia de la voz, cuando
ve a Ric, su mirada se vuelve algo mas asesina y fría, se dirige rápidamente a
donde esta el, tan furiosa que llegaría a destrozar un coche si tenia la
oportunidad.
América
abrió la boca para saludarla cordialmente como lo hacia siempre que la veía,
pero no pudo mencionar palabra alguna.
–
¿así que estabas con esa greñuda? – explota, Ric no sabe que le pasa,
usualmente Eleonor era muy amable con América, todo lo contrario a Mai.
Frunce
el ceño – ¿que te pasa?
–
¿que, que me pasa? ¿Que, que me pasa? – Pregunta una y otra vez, lo señalo con
su pequeño dedo índice, aunque Ric era alto para tener trece, no lograba
sentirse intimidada – tu faltaste a la fiesta de Mai... hoy ha cumplido once
años... ¡y tu! Estabas con... ella – la miro con odio – Mai te estuvo esperando
hasta ahora.
Ric
se levanto corriendo hasta mas no poder al escuchar a la niña... eso era lo que
se le había olvidado, el cumpleaños de Mai... ¿como pudo olvidarlo?
El
último grito de Ellie resonó como eco en su cabeza – ¡ella ya se ha marchado!
Corrió
hasta llegar a su casa, no podía ir a la morada de la familia Castro sin un
regalo para su amiga, seria un regalo sencillo, pero sabia que seguro le
encantaría a Mai, entro en la casa agotado y jadeando, y escucho los ronquidos
de su padre como cada fin de semana, estaba tomando su siesta después de unos
tragos, entro sin hacer ruido para luego salir de igual manera.
Sabia
que, como cada vez que su padre se dormía, su hermano Joel no estaría en casa,
nunca estaba de todos modos.
Entro
en su habitación, que hizo el clásico y usual ruido al que se había
acostumbrado desde hace mucho, ese ruido alerto a dos personas que se
encontraban besándose apasionadamente en la cama de su hermano.
Y
en efecto, Joel se encontraba hay con una pequeña mujerzuela de pelo negro –
¡estúpido engendro! ¿¡Que rayos haces aquí!?
Ric
se sonrojo mucho y bajo la cabeza apenado, lo peor que le podía haber pasado,
era encontrar a su hermano en pleno acto – ¡bajare en un momento!
Ric
busco entre sus cosas la guitarra que hace un par de años, le había regalado la
familia Castro, era un obsequio de los familiares de Mai, por ser como un hijo
para ellos, y por estar siempre con la pequeña y cuidarla con tanto cariño,
pero últimamente había fallado, no se merecía esa guitarra.
Pero
fue lo primero que se le ocurrió…
Recordó
también aquel collar tan bonito que los unía, el collar de amigos que el mismo
le regalo hace un par de años… su collar, tenia una M de colgante, la eme de Maily… lo busco entre sus cosas, y no lo
encontraba, desde que América le menciono que era algo ridículo y absurdo
llevar la letra inicial de esa niña, que parecía que estaba enamorado de ella,
se lo quito, y decidió guardarlo, pero sabia que Mai seguía llevando la suya.
Lo
encontró y miro la eme con una sonrisa de satisfacción en su rostro, se lo
coloco como pudo, pero una voz enojada le recordó que no estaba solo – ¿¡te vas
o te vas!?
La
pequeña mujerzuela soltó una risita por la impaciencia de Joel – ¡ya me voy! –
grito Ric.
Salió
de hay sin levantar la vista y se encamino a paso rápido hacia la casa de Mai,
pero se percato, que si le iba a cantar una canción, ¿Cuál seria? No tenia una
letra en especial para Mai, así que se detuvo, se encontraba a punto de cruzar
el puente… recordó todas las veces que cruzo con Mai por hay… que dividía, el
pequeño pueblo con las granjas y los campos de maizales, trigales, ajonjolíes,
entre otros y muchos, así mismo con el bosque.
Los
recuerdos parecían tan lejanos…
Se
sentó a la sombra de un árbol cercano, tocando los acordes de la guitarra, no
tenia idea de que tocar, pero enseguida consiguió una melodía que lo dejo
satisfecho, solo faltaba la letra, pero para eso, Mai seria su musa…
Trato una vez.
Desde que tu
estas aquí…
Desde que
llegaste a mí…
No
le gusto, era hermoso, pero no rimaba con la melodía, y trato otra vez…
Eres un ángel,
Que me trajo
bondad…
Le
gusto, pero no sabia que mas decirle a su amiga.
Se levanto y de su ropa
cayo un papel doblado que le llamo la atención, con curiosidad lo levanto del
suelo, recordando que era el poema para América, lo releyó, y volvió a sentarse
en el pie del árbol, toco la música con la letra y le pareció perfecta.
Corrió
en busca de Mai, directamente a la casa de los Castro, aunque Eleonor le había
anunciado… mejor dicho, le había gritado que Mai no estaba en su casa.
Continuara...
Tarah Zeng.
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