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*¡¡¡BIENVENIDOS!!!*

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Hola a todos, sean bienvenidos a este nuevo blog que he decidido crear, con la esperanza de que mis escritos sean divulgados y conocidos mundialmente.


Tarah Zen G.

sábado, 18 de junio de 2016

24 horas para ser feliz...

Capitulo 1.
Una bella amistad... un pequeño cambio.
Los dos niños corrían por el camino desolado que llevaba a la casa de uno de ellos, que llevaba a la casa de Ric. Rápido, rápido, más rápido, tenía que llegar a tiempo. Eran cerca de las ocho de la mañana y sabían que al despertarse, él preguntaría por Ric.
– Corre, Ric, corre, Ric – decía Mai, mientras lo seguía de cerca.
Mai era una niña hermosa, en su piel blanca se reflejaba los hermosos destellos del día recién llegado, su cabello castaño y ondeante, brillaba como el oro, sus hermosos ojos zafiros, mostraban la preocupación por su mejor amigo. Llevaba un vestido blanco, que hacia contraste en el verde del campo, se veía como un fantasma que huía de algo, en sus manos su gorro y una canasta, cuyo contenido eran sus sandalias.
Ric corría hasta más no poder, atravesaron el puente y corrían entre la paja alta y los naranjales, no podía llegar tarde. Ric era un chico apuesto, tenia solo diez años cuando eso y Mai solo ocho. La piel del niño era de un color moreno, por el alto trabajo del campo, tenía una cicatriz en su mejilla derecha por un latigazo que le proporcionaron, su cabello era más oscuro que el de Mai y menos rizado, pero tan largo que le tapaba los ojos.
– ¡Ricardo! – Se escuchaba el grito de su padre atravesar el campo – ¿¡a donde diablos te metiste niño del demonio!?
A la lejanía, entre pajas verdes se alzaba la casa de madera, un poco descuidada desde la muerte de la madre de Ric, y hoy el aniversario de su muerte, Ric había ido muy temprano a llevarle flores y Mai lo había acompañado, pero se demoraron en el camino.
Los gritos desgarraban el silencio, casi se podía llegar a pensar que romperían vidrios.
Ric se detuvo, deteniendo también a Mai – quédate aquí – le dijo a la niña que comenzaba a hiperventilar – volveré y te llevare a tu casa.
La niña asintió y vio como la figura de su amigo desaparecía en el interior de la casa, unos gritos de su padre y del hermano mayor de Ric surgieron de entre la casa. Mai dejo caer la canasta y se puso su sombrero, y se dirigió a donde proceden los gritos.
Entro para escuchar el portazo de la puerta de la habitación del hermano mayor de Ric, como siempre ignorando el problema. El padre de Ric, el señor León, se veía enojado, era un viejo gordo cuyo cabello se le había caído en el cogote y se pintaba sus pelos de un gris  cano, aunque seguía teniendo algo de negro.
El señor León tenía a Ric del brazo – ¿¡donde diablos andabas!? Sabes muy bien que no tiene permiso de salir antes de que sean las diez y hayas terminado todas tus tareas.
Por alguna extraña razón, el padre de Ric siempre que se dirigía a sus hijos eran gritando, eso enojaba a Mai.
– Estaba en el cementerio – la voz de Ric sonó ronca y rota, casi lloraba – hoy es el aniversario de la muerte de mamá. Estaba con Mai llevándole flores.
La expresión del señor León cambio a una de un pervertido y psicópata – así que estabas con la ricura de tu noviecita...
– no te expreses así de ella... Mai no es mi novia, es mi amiga...
El señor León enojado, golpeo a Ric en el moflete, dejándolo rojo e hinchado, Mai no podía quedarse así, y de un momento a otro dejo de ser una sombra y un fantasma pintado en la pared, el señor León empezó a pegarle con las manos por las piernas y el trasero, Ric chillaba.
– ¡déjele en paz! – grito Mai mientras trataba de hacer que le dejara.
El viejo la miro y se quito a la niña de encima, empujándola y haciéndola caer en el duro suelo, Mai hizo una mueca de dolor – ¿por que le pegas? – dijo Ric a su lado y ayudándola a pararse, pero el viejo lo tira a él también y toma a Mai del brazo.
– tu también necesitas un buen escarmiento...
Empieza a darle de nalgadas a la niña que chilla – ¡déjala! ¡Suéltala! – gritaba Ric, se levanto y tomo una de las tablas flojas de la mesa a su lado, le dio con todo lo que fue capaz a su padre en el espacio calvo de su cabeza. El viejo padre de Ric callo inconsciente en el suelo, sobre Mai.
– ¡quítalo de encima! ¡Me aplasta! – chillaba la niña.
Ric la ayudo a salir y con una incontrovertible mezcla de furia, asombro y miedo dijo – he matado a mi padre. ¡Joel mate a papá!
Joel, su hermano mayor grito desde su habitación, enojado o exasperado de tanto ruido y los malos tratos – ¡entiérralo en el patio!
– vete a tu casa Mai. Tu madre debe de estar preocupada.
La niña negó rotundamente – no me iré sin ti.
– vete.
– no.
Ric negó con la cabeza – he matado a mi padre ¿no lo entiendes?
Mai se cruzo de brazos y se sentó en el suelo – revísalo y me llevas a casa... seguro no esta muerto.
Ric asintió y se acerco a su padre, no se veía para nada bien, tenía sangre en el cogote y se le veía un hematoma muy grande, su boca estaba abierta y fluía saliva fuera de ella. De repente le vuelve la conciencia y toma a Ric por el brazo, grita alertando a Mai, quien a su vez grita – suéltalo.
La niña se lanza sobre el hombre aun en el suelo y le muerde el brazo lleno de vellos, Mai sentía asco de su brazo, pero tenia que salvar a Ric, el viejo exclama un ¡Auch! Y suelta a Ric para sobarse la mordida de la niña que le quedo rosa.
Mai y Ric sale por la puerta alejándose de los gritos del viejo que llamaba a su hijo – ¡Ricardo! ¡Vuelve aquí pequeño engendro...!
Su voz fue tragada por la lejanía...

Tres años después...
Ric y Mai fueron los mejores amigos desde que nacieron, sus madres habían sido amigas y esa amistad se les fue transmitida a ellos, pasaban cada segundo de su vida juntos, iban al colegio juntos, Ric llevaba dos años sobre Mai, siempre se duchaban en las tardes calurosas al las orillas de aquel rio tan fresco y hermoso del pequeño pueblo sin nombre.
Eso fue así, hasta la llegada de América. Ella se entrometió en la relación de amistad entre Ric y Mai, separándolos cada vez, hasta que un día, Ric y Mai casi ni se encontraban. Con los trece años de Ric recién cumplido, América se convirtió en su novia, y Mai solo era una simple niña que era su amiga.
– mamá, Ric no va a venir – decía Mai resignada y con parsimonia, Ric se había demorado ya mas de media hora – ha de estar con América.
Era el día del cumpleaños numero once de Mai, cada año, su familia, que estaba integrada por su padre Andrés, su madre Margarita, su mejor amigo Ric, que era como su hermano mayor, y la pequeña Eleonor, compartían tarta de chocolate y fresa a la hora del almuerzo, era como una tradición familiar, y este era el único año en que Ric no llegaba a tiempo.
Su padre le presto atención especial a su hija, dejo su libro a un lado, y sus lentes sobre este, era un señor mayor, tenia mas cincuenta años, su pelo se pintaba de un gris, pero se apreciaba el mismo color un poco opaco del que Mai poseía. El señor Castro siempre decía que Mai era un milagro, ya que nació cuando el tenia poco mas de cuarenta años, y pensaba que los hijos no eran para el.
Le acaricio el pelo castaño dorado de su hija – seguro vendrá pronto, sabes muy bien como su padre se porta con el, y aun así, nunca ha faltado a ninguna de tus fiestas...
Mai hacia un puchero, como respuesta a las sonrisas despreocupadas de las tres personas presentes – no estoy dispuesta a seguir esperándole...
Su madre bajo la mirada y con una sonrisa triste le responde – entonces... ahora cantemos la canción y comamos pastel – da una sonrisa fingida y observa a todos, que trataban de subirle el animo a la niña cumpleañera.
– ¡no quiero que canten! – replica Mai con lagrimas en los ojos, ocasionando así, que sus luminoso ojos zafiros se vieran mas brillantes y mas grandes. Baja la mirada y una lagrima se desliza por su suave y aterciopelada mejilla – corten el pastel – dijo con mas calma – no habrá canción este año...
La señora Castro corta la tarde de fresa que se encontraba en frente de Mai, quitándole las once velitas que lo acompañaban ese año, la frase “Feliz Cumpleaños, Maily” había sido borrada por la misma mientras se comía el merengue al esperar durante tanto tiempo.
Mai se queda vacía, mirando sin expresión alguna la pequeña tarta de chocolate al lado de la grande, era especial para Ric, ya que el odiaba la fresa...
Eleonor abraza a Mai, y recalca su cabeza en su pecho, tratando de consolarla – Ric llegara, eres su mejor amiga, y aunque ya se tarde, es mejor tarde que nunca, ¿no crees?
La mira a los ojos, Ric le había fallado mucho a Mai desde que estaba con América, y ya no quería seguir con eso – llegar tarde es como no haber llegado...
Se levanta y se va... Mai triste salió de su casa, monto su bicicleta y pedaleo hasta perderse en el camino que llevaba a las granjas y posteriormente al rio, trato de aguantar las lagrimas que se formaban en sus ojos, y lo hizo, con una fortaleza que ella misma no sabia que tenia.
Media hora de Después, un alto y apuesto chico de trece años corría muy desesperado, entre casas y calles, llegaba tarde, llegaba tarde, se repetía en su mente, como pudo olvidar el cumpleaños de su mejor amiga. La guitarra en su espalda le estorbaba para correr, pero tenía que llevarla por las buenas...
Solo dos horas antes, Ric ya había terminado sus tareas en la casa, como eran las reglas, tendría dos horas hasta que le tocaba volver al trabajo del campo, dos horas que aprovecharía con su hermosa novia en el parque, pero, por un extraño presentimiento, pensaba que se le estaba olvidando algo, algo muy importante.
No le dio mas importancia y siguió caminando lentamente, una vez en el parque, observo, buscando entre las pocas personas que estaban hay, a la que le interesaba, Después de un rato, observo a lo lejos la figura andante de una rubia de tez blanca.
– Ric – chillo esta a su vez emocionada, corrió hacia el, lanzándose a sus brazos y plantándole un beso en los labios – tenia tantas ganas de verte.
Todos los días, desde hace poco mas de un año, Ric se reunía con América en el parque después de que se hicieron amigos, esa relación fue creciendo hasta convertirse en un puro e inocente noviazgo infantil, pero esa relación, alejo a Ric de Mai, y también a su recuerdo.
– yo quería verte también...
Lo dijo con una voz lejana, como si estuviera sumido en sus pensamientos, vi los ojos de América y los vio azules...
– Te traje esto – le tendió un papel muy bien doblado... nunca le había dicho a América sus ganas de llegar a ser un poeta, esto era lo primero que le ensañaba a su novia de su sueño, era una manera de decirle lo que quería, y quería decirle gracias.
Ella con la mirada perdida lo tomo de sus manos y leyó el poema en voz baja, cuando termino, se rio, lo que hizo que Ric se desalentara mucho – que pasa – pregunto Ric.
Ella lo miro con una expresión de que era obvio d que se reía, y releyó el poema en voz alta...
Tus ojos zafiros
Labraron mi destino
Tu boca tan rosa
Me pareció preciosa
Tu alma tan pura
Esta llena de dulzura
Me has acompañado
Has caminado conmigo
Por eso te amo
Porque eras algo más que mi amiga...

A Ric le parecía perfecto, no comprendía porque se reía de él y de su poema, ella siguió riendo por un momento al ver la expresión perdida y confusa en la cara de Ric – mis ojos no son zafiros, son grises – explico con una sonrisa amable – estabas pensando en Maily, ¿verdad? – Ric frunció el ceño, pero también estaba apenado – Maily si, tiene ojos zafiros... y muy bonitos por cierto.
Le entrego el papel a Ric tal cual como el lo había hecho, paso de largo y se sentó en una banca a la sombra de un gran árbol de roble, ese parque, era una preciosidad ecologista, uno de muchos de lo que había hay, cuando se vive en los suburbios de un pequeño pueblo, los habitantes conviven mucho con el ambiente y la naturaleza.
América cerro los ojos, sintiendo la briza a través de su cabello, se veía hermosa – ¿quieres tomar conmigo un helado? – le pregunto Ric que se posiciono frente a ella, al abrir los ojos, noto que era bañado por los rayos del sol y se veía como una estrella parpadeando en el cielo, ella asintió lentamente.
Casi una hora y media después, Ric seguía en el parque, riendo escandalosamente junto a la rubia de América, entonces nota una pequeña figura que se acercaba, que era nada mas y nada menos que la pequeña Eleonor Rosales, caminaba cabizbaja y se veía muy triste.
Eleonor era una niña como muchas de la familia Rosales, con solo siete años de edad, era la más pequeña de trece hermanas y de cinco hermanos, por lo que era muy consentida, aunque sus padres no le prestaban mucha atención, tenía muy buenos modales, y a veces, solo a veces, osaba a comportarse como un animal salvaje.
La pequeña tenia el pelo rojo como el fuego, la piel amarilla y calidad como la arena de la playa, y la cara llena de pecas que se situaban principalmente en el puente de la nariz, y que la hacia ver mas bonita de lo que ya era.
Pero la tristeza no le quedaba bien – ¡Hey! ¡Ellie! – le grita Ric para llamar su atención, la niña busca con la mirada el lugar de procedencia de la voz, cuando ve a Ric, su mirada se vuelve algo mas asesina y fría, se dirige rápidamente a donde esta el, tan furiosa que llegaría a destrozar un coche si tenia la oportunidad.
América abrió la boca para saludarla cordialmente como lo hacia siempre que la veía, pero no pudo mencionar palabra alguna.
– ¿así que estabas con esa greñuda? – explota, Ric no sabe que le pasa, usualmente Eleonor era muy amable con América, todo lo contrario a Mai.
Frunce el ceño – ¿que te pasa?
– ¿que, que me pasa? ¿Que, que me pasa? – Pregunta una y otra vez, lo señalo con su pequeño dedo índice, aunque Ric era alto para tener trece, no lograba sentirse intimidada – tu faltaste a la fiesta de Mai... hoy ha cumplido once años... ¡y tu! Estabas con... ella – la miro con odio – Mai te estuvo esperando hasta ahora.
Ric se levanto corriendo hasta mas no poder al escuchar a la niña... eso era lo que se le había olvidado, el cumpleaños de Mai... ¿como pudo olvidarlo?
El último grito de Ellie resonó como eco en su cabeza – ¡ella ya se ha marchado!
Corrió hasta llegar a su casa, no podía ir a la morada de la familia Castro sin un regalo para su amiga, seria un regalo sencillo, pero sabia que seguro le encantaría a Mai, entro en la casa agotado y jadeando, y escucho los ronquidos de su padre como cada fin de semana, estaba tomando su siesta después de unos tragos, entro sin hacer ruido para luego salir de igual manera.
Sabia que, como cada vez que su padre se dormía, su hermano Joel no estaría en casa, nunca estaba de todos modos.
Entro en su habitación, que hizo el clásico y usual ruido al que se había acostumbrado desde hace mucho, ese ruido alerto a dos personas que se encontraban besándose apasionadamente en la cama de su hermano.
Y en efecto, Joel se encontraba hay con una pequeña mujerzuela de pelo negro – ¡estúpido engendro! ¿¡Que rayos haces aquí!?
Ric se sonrojo mucho y bajo la cabeza apenado, lo peor que le podía haber pasado, era encontrar a su hermano en pleno acto – ¡bajare en un momento!
Ric busco entre sus cosas la guitarra que hace un par de años, le había regalado la familia Castro, era un obsequio de los familiares de Mai, por ser como un hijo para ellos, y por estar siempre con la pequeña y cuidarla con tanto cariño, pero últimamente había fallado, no se merecía esa guitarra.
Pero fue lo primero que se le ocurrió…
Recordó también aquel collar tan bonito que los unía, el collar de amigos que el mismo le regalo hace un par de años… su collar, tenia una M de colgante, la eme de Maily… lo busco entre sus cosas, y no lo encontraba, desde que América le menciono que era algo ridículo y absurdo llevar la letra inicial de esa niña, que parecía que estaba enamorado de ella, se lo quito, y decidió guardarlo, pero sabia que Mai seguía llevando la suya.
Lo encontró y miro la eme con una sonrisa de satisfacción en su rostro, se lo coloco como pudo, pero una voz enojada le recordó que no estaba solo – ¿¡te vas o te vas!?
La pequeña mujerzuela soltó una risita por la impaciencia de Joel – ¡ya me voy! – grito Ric.
Salió de hay sin levantar la vista y se encamino a paso rápido hacia la casa de Mai, pero se percato, que si le iba a cantar una canción, ¿Cuál seria? No tenia una letra en especial para Mai, así que se detuvo, se encontraba a punto de cruzar el puente… recordó todas las veces que cruzo con Mai por hay… que dividía, el pequeño pueblo con las granjas y los campos de maizales, trigales, ajonjolíes, entre otros y muchos, así mismo con el bosque.
Los recuerdos parecían tan lejanos…
Se sentó a la sombra de un árbol cercano, tocando los acordes de la guitarra, no tenia idea de que tocar, pero enseguida consiguió una melodía que lo dejo satisfecho, solo faltaba la letra, pero para eso, Mai seria su musa…
Trato una vez.
Desde que tu estas aquí…
Desde que llegaste a mí…

No le gusto, era hermoso, pero no rimaba con la melodía, y trato otra vez…

Eres un ángel,
Que me trajo bondad…

Le gusto, pero no sabia que mas decirle a su amiga.

Se levanto y de su ropa cayo un papel doblado que le llamo la atención, con curiosidad lo levanto del suelo, recordando que era el poema para América, lo releyó, y volvió a sentarse en el pie del árbol, toco la música con la letra y le pareció perfecta.

Corrió en busca de Mai, directamente a la casa de los Castro, aunque Eleonor le había anunciado… mejor dicho, le había gritado que Mai no estaba en su casa.
Continuara...
Tarah Zeng.

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